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Más que el mínimo esfuerzo
Se vale tratar de hacerlo más fácil, pero cerciórate de que el método que uses no te represente doble trabajo.
 El esfuerzo es algo que se puede medir, aunque no exista una escala ni una forma exacta de hacerlo, dentro de ti siempre hay una respuesta que te hace saber si has dado el máximo y sólo una parte de él.
Lo más normal es que cada proyecto que emprendas tenga dos vertientes para su realización; la primera opción que se te presenta se refiere a otorgarle el máximo compromiso, procurando en cada momento obtener el mejor resultado; por otro lado, la segunda alternativa que tienes y que no siempre es la ideal, es sólo hacer lo indispensable para salir del paso, sin importar qué tan bien librado salgas, esto se produce cuando no existe una responsabilidad real y se puede ver reflejado negativamente en el resultado.
Cuando hablamos de realizar el mínimo esfuerzo no siempre quiere decir que esté mal hecho, ya que lo ideal es poder encontrar un modo más sencillo para hacer o cumplir con lo requerido, sin que esto afecte en la calidad final; la profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en Psicología Educativa Irma Graciela Castañeda Ramírez, opina que: “Realizar el mínimo esfuerzo requerido para lograr una meta o para la creación de un proyecto escolar o laboral, podría verse de un modo sencillo como facilitar el camino; ya que no es una forma de hacerlo mal, sino más fácil”. En un principio es probable que te sea un poco complicado organizarte de tal modo que puedas optimizar inmediatamente tu forma de trabajo, pero una vez que lo logres te darás cuenta que resulta más efectivo.
Comúnmente en la adolescencia encontramos alternativas con la que nos sentimos cómodos y nos acostumbramos a ella al notar que nos arroja resultados positivos; esto puede deberse a diversos factores, la especialista comenta: “Algunos jóvenes traen una historia en la que no se les demandó lo suficiente en la escuela, cuando esto sucede se acostumbran a dar un esfuerzo mediano, ya que con eso basta para salir bien librado. Sin embargo, las repercusiones de este patrón vendrán cuando en algún momento se les exija dar un poco más y no estén del todo dispuestos, porque nunca lo han hecho y por lo tanto, no saben si esto les puede funcionar bien o no”.
Es importante mencionar que una de las trampas que nos pone el empeño, es perseguir mediante éste el reconocimiento público, y aunque también es importante, lo es más buscar la satisfacción personal con un buen rendimiento. La especialista afirma que: “las posibles consecuencias que puede acarrear la falta de esfuerzo son bajas calificaciones, carreras sin terminar, una preparación profesional mediana o hasta fracaso escolar”.
Para evitar o remediar este problema es necesario hacerse responsables de los resultados obtenidos sin poner la culpa en otro, hay que notar y aceptar que no se ha dado lo suficiente y estar dispuestos a ofrecer más. Es importante resaltar que aunque ocurran situaciones que no podemos controlar, hay otras tantas que sí, pues las elegimos, y es precisamente de las que somos responsables. Es en éstas donde debemos esforzarnos siempre por ser mejores y por hacer lo que nos toca del modo más correcto; es una ley de vida que a mayor esfuerzo, mayores y mejores beneficios.
Busca a través del máximo compromiso llegar a la eficiencia, optimiza tus actividades de modo que requieras menos tiempo para realizarlas, sin reducir la calidad de los resultados piensa siempre que ofrecer lo mejor generalmente nos retribuye realización. Artículo realizado bajo la asesoría de la Mtra. Irma Graciela Castañeda Ramírez, especialista en Psicología Educativa y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Beatriz Fernández Miranda
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