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Cuando lo crónico nos afecta
Quien vive con un padecimiento crónico puede tener temores al respecto, lo mejor es conocer las reacciones de la enfermedad.
 El matrimonio es un compromiso de unión en la que ambos miembros aceptan compartir por igual las experiencias buenas y desagradables que se presenten a lo largo de la existencia, y aunque en este punto hay toda la intención de seguir por ese camino, el hecho de confirmar que la pareja es víctima de un padecimiento crónico degenerativo, que puede mermar en gran medida su desempeño en la vida y como consecuencia su estado anímico, es un reto para el que no necesariamente usted está preparada, en el sentido de darle un manejo adecuado que brinde seguridad y estabilidad a toda la familia.
Bajo este panorama hay dos aspectos fundamentales que deben caracterizar a su relación a partir de esta realidad: Por un lado es abrir todos los canales para obtener información sobre el padecimiento, la gravedad del mismo, cómo transcurrirá la enfermedad, cuáles son los tratamientos, los adelantos científicos al respecto, así como las formas de procurarle una mejor calidad de vida. La segunda área a cubrir, es quizá la más importante en este proceso y tiene que ver el apoyo emocional, el amor y la comprensión que le proporcione a su esposo. El diagnóstico médico significará un parte aguas con respecto a los hábitos de él, pero de manera indirecta repercuten también en todo el núcleo que lo rodea, por ejemplo, es oportuno que se cambien las costumbres alimenticias, algunos padecimientos imponen que las actividades físicas y laborales disminuyan; además es necesario tener presente el impacto económico que representa cualquier enfermedad.
Cada una de estas modificaciones en la vida del paciente y de los involucrados, produce sentimientos de culpabilidad y enojo en él, por lo que en este tenor es necesario resaltar que la compañía y el apoyo que le proporcione a su pareja en este difícil trance, le dará a él la seguridad de que irá bien resguardado en su camino, que es valorado por usted y su familia por la persona que es, más allá de su condición de salud.
La facilidad con que cada uno se adaptará al nuevo sistema de convivencia dependerá de la actitud con que usted y su esposo transmitan la noticia y las necesidades a cubrir a partir de ese momento. Si el resto de la familia palpa una actitud negativa, de tristeza y desesperanza, seguramente van a desarrollar temor al porvenir. María Magdalena Egozcue, autora del libro “Primeros auxilios psicológicos”, Editorial Paidós, afirma que adquirir conocimientos sobre el padecimiento da claridad al panorama, pues se evita tener conceptos erróneos que lo único que hacen es incrementar la angustia, y recomienda informarse con el médico tratante sobre la naturaleza, las manifestaciones y la terapia que recibirá.
Mientras más pronto haya consciencia de la enfermedad, con la misma rapidez se puede actuar en el proceso de adaptación. Para que su pareja lo logre usted puede ayudarle a plantearse los siguientes puntos que sugiere la autora: • Pensar ¿Cómo piensa vivir su vida ahora?, si ya tiene la información sobre su enfermedad, debe conocer mejor sus sentimientos y emociones, ¿qué piensa hacer al respecto, ¿qué cambios positivos puede realizar, ¿qué modificaciones piensa llevar a cabo en su comportamiento con los demás? • Ayúdelo a construir de acuerdo a sus nuevas condiciones de salud, rutinas que le permitan sentirse activo y útil, eso fortalecerá su autoestima. • En algunos casos es necesario pedir licencia o abandonar el empleo, si esto ocurre, él puede pensar en dedicarse a lo que siempre ha querido y para lo que no tuvo tiempo. El fomento de nuevos intereses ayuda a soportar la etapa de la enfermedad. El amor que se profesan como pareja, será la fuente de fortaleza que les ayude a encontrar soluciones, y a sortear las experiencias que surjan como consecuencia de este episodio en su vida. Mientras más unidos estén tendrán la claridad para interpretar la información que reciban y cerciorarse de que siempre hay esperanza de una mayor expectativa y calidad de vida.
María del Carmen López Sánchez
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